Cuando
Internet es instrumento de la burocracia
Se
invoca como una panacea para dar un trato ágil y transparente al
ciudadano. Pero el Gobierno Electrónico también puede ser un
simple repetidor de viejos vicios, si retarda a sus usuarios con
estructuras poco funcionales, si esconde información bajo nombres
confusos, si en lugar de intercambio de conocimiento, sólo difunde
propaganda
*Susana
Funes
Es
verdad. No hay una secretaria limándose las uñas frente al
desespero de una larga cola. Tampoco hay quien sucumba ante el
meloso “mi amor” de un motorizado que, aunque llegó de último,
con un chocolate transformó su ruma de papeles en prioridad. En
lugar de estos rasgos más o menos folklóricos de nuestras
burocracias, un sitio web promete un trato justo, rápido y
eficiente en cualquier trámite que queramos realizar.
“Gobierno
electrónico es el nuevo nombre del buen Gobierno”, se llegó a
decir, ante la posibilidad que dan las tecnologías de información
para mejorar y hacer más transparente el desempeño del Estado,
satisfaciendo como nunca antes las crecientes necesidades y
expectativas de los ciudadanos.
Pero,
¿qué pasa si al conectarnos vía dial up o apurados en un cibercafé
(como lo hacen más de la mitad de los usuarios venezolanos), en vez
conseguir los lugares donde renovar la licencia, por ejemplo, nos
encontramos con una larga bienvenida en flash o, peor, con una
barrita que se va coloreando lentamente, mientras –nos dicen– va
“cargando... 10%, 20%, 30%...”?
Si
la principal ventaja de Internet es la rapidez y la comodidad, ¿cómo
nos sentimos cuando pesadas imágenes demoran sin remedio nuestra
navegación? ¿Hasta dónde llega la rabia y la impotencia, cuando
una página mal organizada nos impide ver todas las opciones, y
conseguir cosas tan simples como un número de teléfono?
Un
contacto real con el gobierno-e
Si
en lugar de la taquilla eficiente y transparente que predica el
gobierno en línea, nos encontramos con un sitio confuso, ¿acaso no
extrañamos al portero malencarado que con un mueca nos señalaba cuál
cola hacer? ¿Puede llamarse “servicio público” un sitio con
secciones llenas de siglas indescifrables y vocablos internos, que
no nos dan ni media pista de dónde hacer clic?
Eso
se preguntaba una amiga cuando fue al sitio web de una organización
de financiamiento, en busca de un dato muy simple: los requisitos
para aplicar. Lo que encontró fue un sitio que tardaba años en
bajar. Aunque de diseño colorido y relativamente bonito, cada página
presentaba sólo tres párrafos de información y, para profundizar,
debía hacer clic y esperar una nueva y lenta descarga.
Las
secciones parecían claras. Pulsó <Programas Crediticios>,
pero en lugar de encontrar requisitos, plazos, etc., se topó con
una enigmática numeración del 1 al 14. “En cuál número estarán
las condiciones”, se preguntó. La sección <Consultas en línea>
podía ser la salvación, pero resultó ser un listado de preguntas
frecuentes, esta vez cifradas del 1 al 28.
Nada
menos que 42 clicks tuvo que hacer la protagonista de esta historia,
para descubrir que en realidad la respuesta a su inquietud no estaba
publicada. “Se nota que ellos son los que tienen el dinero y uno
tiene que aguantar cualquier cosa”, decía esta usuaria, con la misma
indignación que si hubiera hecho la cola de madrugada en la Dirección
de Identificación y Extranjería (Diex).
Problema
de comunicación y no de tecnología
Cuando
se habla del gobierno-e, se suele poner el acento en la
infraestructura, los estándares o la compatibilidad. Sin embargo,
en ContenidoInteligente
hemos comprobado que el éxito o fracaso de un sitio web no es tanto
un tema de tecnología, sino de comunicación: de comprender las
necesidades de los públicos meta y satisfacerlas; de entender sus
realidades y responder a ellas; de saber cómo navegan, para darles
los contenidos que desean y hablarles en sus términos.
Claro
que existen interesantes iniciativas, como el sitio del Tribunal
Supremo de Justicia en Venezuela, muy útil y rico en contenidos. También es
impactante que sólo introduciendo un número de cédula en la
seguridad social (www.ivss.gov.ve)
se pueda saber si le salió la pensión a un trabajador cesante.
Pero si el Instituto de los Seguros Sociales hubiera tomado en
cuenta cómo los usuarios usan Internet, no retrasaría a sus
visitantes con una bienvenida de comiquita sobre su labor.
Internet
se vuelve un instrumento de la burocracia cuando los sitios web, en
vez de agilizar, excluyen y retardan con estructuras incomprensibles
y poco funcionales; cuando en lugar de trasparencia, presentan
nombres confusos que esconden la información; cuando en vez de
promover la participación y el intercambio de conocimiento, se
limitan a la propaganda y a las alabanzas autocomplacientes.
Lo
peor es que en todos estos casos la secretaria sigue limándose las
uñas, pero sin la presión de una cola protestando su desidia.
Ahora sólo es interrumpida por el timbre de un teléfono que de vez
en cuando se digna a contestar. Y ante las preguntas de siempre,
responde con una mezcla de arrogancia y desdén: “No, señor, esa
información está toda en la Web, aquí no podemos atenderle”.
*Socia
directora de ContenidoInteligente
y coeditora del boletín Metatexto.
Correo-e: sfunes@contenidointeligente.com
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