¿Teléfonos móviles para los niños?

*Carlos Jiménez

El viernes pasado tuve una agradable cena con unos amigos. Éramos tres parejas de matrimonios, con hijos, que conversábamos sobre trivialidades y sobre el  inevitable tema del futuro del país.

Al comenzar la conversación y sin recordar como entramos en el tema, una de las madres asistentes de manera contundente afirmaba que los niños no debían tener un teléfono móvil. “¡No lo necesitan!”. Siendo que era primera vez que nos veíamos, ya que la otra pareja era de unos amigos comunes, atendí la recomendación de William Ury en su último libro sobre negociaciones: “No reaccionar”.  Más aún cuando no estaba en mi casa y, repito, estábamos conociéndonos.

Definitivamente, la recomendación de Ury fue excelente, ya que la velada estuvo muy agradable y aquella expresión un poco radical no reflejaba realmente el encanto de la persona que la declaraba. 

Quizás muchos de Ustedes se identifiquen con esta posición. Yo definitivamente no. Quizás yo termino siendo el radical.

En principio, debo decir que soy un consumidor de tecnología. Por eso tengo mi blog y no escribo en un librito con cerradura. Por eso, en lugar de leer el libro de Ury, lo escuché en mi Ipod. Eso debo aclararlo de comienzo, porque es posible que esté sesgado.

Sin embargo, pensando en los argumentos para no dejar que un niño tenga un móvil recuerdo algunos como no lo necesita, es sólo un niño y es mucha responsabilidad. Había algo de preocupación también por el control del gasto.

Yo por mi parte pensaba, siendo mis hijos los seres que más quiero, preferiría tener la posibilidad de contactarlos en el momento que quisiera. Más aún, después de todo lo que hablamos sobre Venezuela y su futuro. Incluso, debo confesar que cuando escuchaba los argumentos en contra del uso del celular, viajé unos cuantos años atrás en mi imaginación (ya que no había nacido para la fecha que inventaron los televisores) y podía ver a una señora de falda larga y lentes de pasta, diciéndole a su esposo que no debían comprar un televisor ya que no era algo bueno.

Definitivamente, que el televisor no siempre trae cosas buenas (aún con la ley Resorte). Si dejamos que el niño se exponga a contenidos no adecuados y a excesivas horas frente a la pantalla estaríamos dándole un uso inadecuado, pero esto es tan malo como no comprar el televisor. En este último caso, el niño estaría perdiendo la posibilidad de acceder a contenidos educativos, de estar enterado de quién es Barney, etc. En fin, le estaríamos colocando en desventaja en el entorno actual.

Las dos posiciones extremas (no usar la tecnología o usarla sin control) son respuestas fáciles. Lo correcto, pero más difícil, sería instruir el uso adecuado de la tecnología, imponer controles y sacarle el mayor provecho.
 

(*)Presidente de Tendencias Digitales

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