¿Son válidas las encuestas a través de Internet y de la mensajería de texto?

Carlos Jiménez *

Cada día son más populares las encuestas realizadas por algunos medios y portales a través de su página Web y de la plataforma de mensajería de texto de las operadoras celulares. Muchos de los lectores se habrán preguntado muchas veces si los resultados obtenidos a través de esa vía son válidos o se pueden tomar en serio. A este respecto, quisiera hacer algunas reflexiones.

1.      Del universo encuestado

Ante todo, debemos dejar claro que estas encuestas están orientadas a un segmento de la población y, por consiguiente, no necesariamente reflejan el comportamiento del colectivo nacional. Mucho menos cuando ese segmento se diferencia de la población en general, ya sea en sus características sociodemográficas, educativas o en su comportamiento y actitudes ante distintos temas.

Complemento la idea con un ejemplo. En el caso de las encuestas políticas, hemos encontrado que un 65% de la población total evaluaba de manera desfavorable la gestión del presidente Chávez para el mes de febrero de este año. Este resultado, al observarlo para la población con acceso a Internet asciende a 80% y si lo limitamos a las personas que tienen Internet desde su casa u oficina, llega al 84%. Quizás este último número nos parezca más familiar a muchas de las encuestas realizadas en dichos sitios de Internet.

Como puede observarse, el sólo hecho de que la encuesta sea realizada en el sitio de Internet de cualquiera de sus promotores, está determinando que en el caso de la encuesta de opinión, el resultado no favorecerá en nada al evaluado.

No obstante, este hecho no significa que la encuesta sea inválida como instrumento de investigación, sino que debemos estar conscientes de que no representa el colectivo nacional, sino una comunidad de 1.585.000 personas con acceso a Internet en Venezuela o, en el caso de la mensajería de texto, 6.500.000 de usuarios de la telefonía celular (en realidad es menos, porque debemos considerar sólo aquellos quiénes son suscriptores de ese servicio).

2.      Quién hace la encuesta

En segundo lugar, debemos considerar cuál es el perfil del sitio Web o medio de comunicación que realiza la encuesta, ya que en este caso, el perfil no sólo depende de que sea usuario de Internet o de los mensajes de texto sino además de las características propias del medio.

En este caso, no es lo mismo una encuesta realizada por tucarro.com (página de Internet especializada en foto-clasificados de vehículos) que una promovida por el diario el-nacional.com. En ambos casos, las audiencias son distintas entre sí y, además, difieren del universo nacional.

3.      El sesgo de la no respuesta.

En tercer lugar, hay que considerar que la tasa de respuesta de dichas encuestas se basa en la voluntad expresa que tienen los usuarios de Internet o celulares de participar en las mismas y que, a diferencia de las encuestas en hogares o por detención, son auto-administradas. Es decir, es el mismo entrevistado quien se aplica la encuesta. Además, en el caso de la mensajería de texto, el participar tiene un costo.

Esta diferencia es muy importante ya que de alguna manera condiciona la tasa de respuesta a una motivación del entrevistado a participar en la misma. Es decir, el hecho de que un usuario participe será una función de su motivación o interés particular en hacerlo.

Volviendo al ejemplo de la encuesta presidencial, nos deberíamos preguntar si aquellos usuarios que respondieron representan al colectivo (ahora delimitado) de usuarios de Internet o de mensajes de texto o más bien están caracterizados por ser personas que desean expresar su descontento con el gobierno.

En este caso, el llamado “sesgo de la no respuesta” estaría afectando los resultados y, por ende, alejándolos del verdadero resultado, al no contabilizar la opinión de aquellos que no tienen interés en el tema o sencillamente no se sintieron motivados a participar.

Condicionantes de su validez como medio de investigación  

A los efectos de garantizar que las encuestas aplicadas por estos nuevos medios sean más efectivas, tendrían que darse un conjunto de condiciones, tales como:

a.      Que la base de suscriptores aumente considerablemente, generando una masa crítica que los asemeje a la población total o que, en su defecto, el objeto del estudio sea coincidente con el grupo usuario actual.

b.      Que los entrevistados no tengan acceso a los resultados antes de emitir su opinión y de esta manera no influenciarla. En el caso de los medios, comentarlos sólo al final de los programas o después de cerrar las llamadas y en el caso de las páginas de Internet, mostrarlos sólo a los que respondieron, una vez realizada la votación.

c.      Que los incentivos para la participación en este tipo de encuestas sean lo más homogéneo posible en cuanto a no atraer en mayor medida a un grupo específico, con el consabido sesgo en los resultados.

En conclusión, pareciera que este tipo de encuestas tienen un conjunto de características que las limitan como instrumentos de investigación, sobre todo en opinión pública y temas altamente polémicos. Sin embargo, es indudable el potencial que tienen como medio de expresión de la opinión, razón que, sin duda, los ha hecho muy populares en estos tiempos donde las posibilidades seguras de expresar el descontento con el régimen no abundan. Además, dichas encuestas se han convertido en un contenido atractivo en sí mismo, para aquellos usuarios que las siguen, independientemente de haber participado activamente.

* Socio-director de Datanalisis y Tendencias Digitales.

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