La tecnología es digital, el valor es analógico

Vianney Sánchez*

Hace pocos días me encontraba caminando por uno de los boulevares de mi ciudad, Caracas, y me sorprendió constatar la cantidad de vendedores ambulantes que han incorporado de manera muy directa, y prolífica, el uso de la tecnología digital para "crear" un surtido propio de productos.

Paseando entre estos efímeros puestos comerciales, por cierto no muy distintos a lo que podemos encontrar en el resto de los países de Latinoamérica e incluso en España, donde los denominan los "Top Manta"; es fácil pensar en la cantidad de comandos del teclado o del mouse de una computadora que los "productores artesanales" han aplicado para generar su oferta. En las copias de discos y libros se pueden imaginar todos los copy&paste realizados; en las reproducciones de dvd´s, y juegos de video son evidentes los duplicate file y los save-to E:; en los diseños de camisetas y afiches con figuras artísticas, deportivas, políticas y de dibujos animados, la huella de los scan, zoom, rotate, flip, print son evidentes.

Me resultó inmediato pensar que se trata de un fenómeno mundial, que sólo se diferencia entre los países en vías de desarrollo y los más avanzados por su visibilidad pública. Sin lugar a dudas, en buena parte de Latinoamérica, Africa y Asia se han creado por esta vía mercados públicos de bienes digitales que se encuentran a la vista de todos, mientras que en Norte América y Europa seguramente se trate de mercados privados pero de magnitudes importantes. Todo esto sin hablar de las gigantescas proporciones que debe tomar a escala mundial, y sin hacer distinción entre países, la vía puramente electrónica e "invisible" de las copias y reformulaciones ilícitas de productos digitales por vía de Internet.

Regresando a mi paseo por el boulevard, ví, entre otras muchas copias de discos, un CD doble en el que se recoge la mejor producción de los Rolling Stones durante su amplísima trayectoria de varias décadas. Al preguntar por el precio, mi cerebro casi no podía albergar el contraste que percibía entre el precio irrisorio en que el vendedor ofrecía este artículo, y la cantidad de esfuerzo que es factible suponer que Mick Jagger y sus colegas, sus empresarios, casas disqueras y hasta el público, han tenido que hacer para llegar a posicionar a este grupo en el sitio privilegiado que sin duda ocupa en la historia musical del mundo. Me quedé con mi aturdimiento un rato y, luego de muchos pensamientos que vinieron a mi mente, comprendí que aunque la disponibilidad de tecnología digital permita a cualquier productor espontáneo dar acabados profesionales a productos de factura artesanal, a bajísimos costos y con una calidad casi idéntica a la de procesos industriales, quien seguirá siendo el dueño del valor que percibe el público es el creador analógico del contenido del mismo.

Lo anterior puede resultar evidente, y hasta cierto punto lo es, pero lo que me llamó aún más la atención es que al profundizar mi reflexión sobre las consecuencias comerciales y las tendencias sociales que es factible esperar a partir de esto, en el mundo de la música, por ejemplo, imaginé que esta situación puede llevar a precios astronómicos el disfrute de la experiencia analógica de esos contenidos: los conciertos y espectáculos.

¿Que significa esto? En términos muy directos significa que en la medida en que los contenidos digitales sean más reproducidos por la vía tecnológica, se convertirán en un commodity de valor prácticamente cero y que, aunque se creen medios para evitar su duplicación, la disponibilidad de esos contenidos será tan ubicua y económica que el modelo de generación de ingresos tendrá que ser modificado de ser prioritariamente por venta del contenido mismo y deberá enfocarse en la experiencia del fan musical, para seguir refiriéndonos a este ámbito. Me imagino un mundo en que los discos "originales" sean gratis, o prácticamente inexistentes, con las canciones disponibles en múltiples sitios de Internet, pero a las personas se les cobrará sumas importantes por asistir a los conciertos, ya que esa experiencia sí es única e irrepetible, porque es analógica.

Algo similar ya ha estado sucediendo en el Massachusetts Institute of Technology -MIT-, que ha emitido una política para propiciar la divulgación de todos los contenidos de todos sus cursos académicos. De esta forma, cualquier persona en cualquier parte del mundo puede acceder a los materiales educativos utilizados por el MIT, pero la "vivencia" de asistir a clases e inteactuar con profesores y alumnos, está evidentemente reservada (y cobrada) para aquellos que asisten allí diariamente.

Ahora, cada vez que paseo por este boulevard, pienso que lo digital terminará revalorizando lo analógico hasta magnitues insospechables, pero todavía debemos descubrir los modelos de negocios adecuados para ello.

*Vianney Sánchez es Presidente Ejecutivo de negociosdigitales.com

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